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Nadie resiste un Audit

Facebook anunció recientemente una adecuación de sus contenidos: mayor visibilidad para los perfiles particulares y menor visibilidad para las páginas de marcas, personalidades y medios. En principio, la razón de dichas modificaciones se debe a las páginas y empresas de medios que hicieron de soporte a la viralización de noticias falsas y su efecto manipulador durante la última campaña de los Estados Unidos. “Facebook reveló a sus inversores que tenía al menos el doble de usuarios falsos que los estimados anteriormente, lo que indica que existen unas 60 millones de cuentas automatizadas en la plataforma de medios sociales más grande del mundo”, publicó hace algunas semanas el New York Times. Las consecuencias sobre la reputación de esa red fueron lógicamente negativas.
Los “fakes” o cuentas falsas, claro, no son exclusividad de Facebook. En su artículo La fábrica de seguidores, New York Times contó cómo se mueve “el mercado negro de las redes sociales”, un negocio millonario vinculado a la compra de seguidores falsos de Twitter y a la necesidad de “ser”, o al menos aparentar.
Empresarios, modelos, políticos, deportistas y otras celebridades estadounidenses cayeron en esta red de compra/venta de avatares que parecen reales –muchos tienen fotos de personas que están en Twitter- pero que no lo son. Se trata de cuentas creadas para esto: ser vendidas a quienes quieran tener más followers (seguidores) o ser usadas para compartir contenido que se aspira a promocionar sin dejar una huella tan visible.
Hay diferentes tipos de usuarios falsos, y pueden utilizarse de diferentes maneras, pero todos tienen un patrón común: saltan a la vista cuando se los pasa por un filtro, por alguna de las varias aplicaciones que dan cuenta de la falsedad de la cuenta.
Twitter Audit es una interesante aplicación que realiza una auditoría de los seguidores que tiene una cuenta para devolver un resultado que discrimina entre seguidores reales y falsos.
Para llegar a esa conclusión, la aplicación evalúa las distintas cuentas que siguen a otra cuenta en función de los tuits que escriben, la frecuencia con que lo hacen, la fecha del último posteo y la proporción que existe entre el número de seguidores y las cuentas a las que siguen. Así por ejemplo, una cuenta que siga a 10 mil cuentas y a la vez no tenga ningún seguidor será calificada como falsa.
En palabras de la misma plataforma: “este método de puntuación no es perfecto pero es una buena forma de saber si alguien con muchos seguidores es probable que haya aumentado su conteo de seguidores por medios inorgánicos, fraudulentos o deshonestos”.
Pasadas por el filtro de Twitter Audit o por alguna aplicación similar, prácticamente no hay cuentas que estén libres de pecado. Casi no hay persona, empresa o medio que esté 100% a salvo de esa clase de seguidores: hasta la cuenta oficial de Twitter es seguida por un 17% de cuentas falsas. En el caso de Facebook el 8% de sus seguidores en Twitter es falso.
La era de la comunicación virtual
Twitter es una de las plataformas de comunicación más utilizadas por los políticos para instalar temas de agenda en los medios de comunicación y en la opinión pública, para insertarse en el debate público, para generar controversias y hasta para hacer anuncios oficiales. La cantidad de seguidores de sus cuentas se convierte en un “arma” por su capacidad de influencia.
Así como cotizan monedas, existe un mercado negro de seguidores; los costos de compra de estos falsos seguidores o seguidores “blue” ascienden a 1 dólar cada 100 seguidores.
Según un Estudio de la Universidad del Sur de California 48 millones de cuentas de twitter son bots (cuentas robotizadas) que representan el 15% del total de 319 millones de cuentas de twitter.
La auditoría realizada sobre la propia cuenta  oficial de fue utilizada como criterio para establecer un corte en el conjunto de funcionarios y dirigentes del gobierno nacional: ¿quién tiene más del 17% de seguidores falsos?
En los gráficos que se presentan a continuación se observa el resultado de la auditoría realizada a las cuentas de twitter de funcionarios y dirigentes del Gobierno Nacional así como también a los Gobernadores de las distintas Provincias de la Argentina. Los datos se presentan ordenados de manera descendente en función del porcentaje de cuentas falsas detectadas.
En el top 10 –es decir, con mayor cantidad de seguidores falsos- de cuentas de funcionarios y dirigentes del Gobierno Nacional se encuentran 5 ministros, 1 senador, la vicepresidenta de la Nación y el vicejefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y 2 funcionarios del Ministerio del Interior que encabezan la lista. Los valores oscilan entre el 77% y 53% de cuentas falsas.
Con valores similares (71% a 58%) se ubican 5 gobernadores correspondientes a las provincias de Salta, Neuquén, Ciudad de Buenos Aires, Mendoza y Jujuy. Cabe destacar que 3 de esas 5 tienen el mismo signo político que el Gobierno Nacional que ha hecho un culto al trabajo de posicionamiento y comunicación digital.
Para ponerlo en parámetros nacionales e internacionales: la ex presidenta Cristina Fernández es seguida por un 53% de cuentas falsas, mientras que el actual mandatario, Mauricio Macri, tiene un 41% de esos perfiles entre sus seguidores. En los Estados Unidos, el presidente actual Donald Trump detenta un 42% de seguidores falsos; su antecesor, Barack Obama, tiene “apenas” un 23%.
¿Podemos asegurar que Macri, sus ministros, funcionarios, gobernadores de diversos partidos, CFK, Trump y hasta Obama compraron seguidores? No.
¿Podemos decir que la realidad de muchas cuentas es que ostentan lo que no son? Sí.
Tener muchos seguidores en las redes sociales es “ser alguien”. Ahora bien, ¿se es alguien cuando más de la mitad de esos seguidores son falsos?
Ahí entra otra cuestión al análisis: muchos de esos seguidores de cuentas políticas forman parte de grupos que buscan influir en el proceso de formación de la opinión pública, ejércitos que no tienen dueños asumidos o descubiertos. Mientras se acusa a unos y a otros de poseer “call centers” para elogiar o cuestionar acciones de gobierno, las cuentas siguen ahí, incrementando cifras, ostentando popularidad y, desde ya, generando interacciones y falsas realidades.
Se sabe que, desde hace por lo menos un lustro, la comunicación digital pasó a ser fundamental para todo político con aspiraciones. Es cuanto menos un daño a la imagen la inflación de seguidores de estas características, pueda o no comprobarse la compra y vincularla al propietario.
En términos absolutos los seguidores falsos se cuentan de a cientos de miles:
1) C. Kirchner = 2.800.000 (53%)
2) M. Macri = 1.900.000 (41%)
3) H. Rodríguez Larreta = 920.000 (63%)
4) S. Massa = 648.000 (61%)
5) G. Michetti = 627.000 (60%)
6) M.E. Vidal = 546.000 (40%)
7) E. Carrió = 542.000 (53%)
8) P. Bullrich = 501.000 (58%)
9) M. Peña = 410.000 (53%)
10) G. Dietrich = 256.000 (60%)
Entre los gobernadores encabezan el listado de políticos auditados con mayor proporción de seguidores falsos: Juan Manuel Urtubey (Salta), con el 71% de seguidores falsos, y Omar Gutiérrez (Neuquén), con el 66%.
En el universo Cambiemos, el líder de esa oscura tabla es el Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta (63%), seguido por la vicepresidenta, Gabriela Michetti (con el 60%). Destacan aquí por sus escandalosos valores, dos funcionarios del Ministerio del Interior: Ricardo Giacobbe (77%) y Lucas Delfino (72%), dirigentes de Berazategui y Hurlingham, respectivamente.
Mientras tanto, Twitter ya advirtió en numerosas oportunidades que trabaja para intentar ponerle un freno a la compra/venta de seguidores –que de demostrarse podría terminar en la suspensión o bloqueo de la cuenta– y aparición de cuentas falsas, algo que no parece muy sencillo de lograr. Mientras Facebook tomó nota y pegó un volantazo hacia una verificación más exhaustiva y hacia una promoción del contenido más familiar, Twitter mantiene sus reglas laxas, algo que no parece preocupar demasiado a quienes disfrutan de sus retweets, de las fakes news, de los elogios comprados (¿por quién?) y las defensas de modelos (sea cual fuere ese modelo). Porque tener miles de seguidores da “poder” y brillo; aunque el oro sea falso.

Por Martín Romeo y Javier Schurman
Director estratégico y Director de contenidos de SOLO Comunicación

Infografías Fernando Marco
Director creativo de SOLO Comunicación

Producción Nicolás Mirelman

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